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Alimentación saludable

El despilfarro alimentario es uno de los problemas más importantes a los que se enfrentan las sociedades actuales, por las injusticias y desigualdades que pone de manifiesto. Madrid tiene que tener una estrategia que evite el despilfarro de comida, apostando por los productos de proximidad, de temporada, sin cánones estéticos y con venta a granel.

Es necesario establecer una estrategia regional contra el desperdicio alimentario que incida en los tres eslabones de la cadena, agricultura, distribución y consumo. Las estadísticas indican que donde más despilfarro se genera es en la agricultura (o en las centrales hortofrutícolas), y en los hogares. Sin embargo, los grandes distribuidores son los responsables de la toma de decisiones que afectan a ambos eslabones. Toman los criterios de tamaño y color, por envasado y posibilidad de venta, y ofrecen a las personas consumidoras cantidades y productos que incrementan el despilfarro.

Por ello, en los principales distribuidores es donde se deben tomar las principales medidas, distribución de productos a granel para que se pueda adquirir la cantidad de producto adecuada a las necesidades, información clara y accesible de las fechas de caducidad, y eliminar la confusión con las “fechas de consumo preferente”, en las que el producto es saludable, distribución de los productos con fecha de caducidad más próxima o con peores estéticas a precios rebajados.

Además es necesario acortar los canales de distribución, por lo que se aplican muchos criterios de envasado para el transporte, de tamaño, o de pérdida de calidad del producto por haber pasado mucho tiempo entre la recogida del mismo, y la llegada al hogar donde será consumido. En este sentido, la puesta en valor e incentivos a la venta de proximidad y con el mínimo posible de intermediarios en mercados o a través de grupos de consumo reducen en gran medida tanto el despilfarro alimentario como el sobreconsumo de envases.

El envasado se justifica en muchas ocasiones como preservador del despilfarro alimentario, pero esta relación se ha demostrado inexacta, ya que el incremento del envasado ha ido acompañado de una gran incremento del desperdicio alimentario, alcanzando en 2014 la cifra de 173 Kg/persona de residuos alimentarios, y 30Kg/persona de residuos de envases. Por ello, las medidas a poner en marcha para reducir el despilfarro tienen que tener en cuenta la raíz del problema.

Medidas más concretas que reducen el despilfarro alimentario se pueden enmarcarcar en una jerarquía de gestión tanto en la agricultura como en la distribución y en los hogares o en hostelería:

  1. Consumo humano. Redistribución de los productos, poniendo en marcha aplicaciones ya existentes o similares de nueva creación, o poniendo en valor los bancos de alimentos.
  2. Consumo animal.
  3. Fabricación de compost
  4. Fabricación de biogas

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